El gobierno anterior no era un buen administrador de nuestro dinero, el dinero del Estado, que juntamos entre todos pagando impuestos.
Por ejemplo cada vez que compramos cualquier cosa, el 21% de lo que pagamos es IVA (Impuesto al Valor Agregado) y hay otros impuestos además de este.
Con lo recaudado por todos los impuestos el Gobierno tiene que pagar todo lo que paga: sueldos de los empleados públicos, pensiones y jubilaciones, planes sociales y la AUH (asignación Universal por Hijo), obras públicas (rutas, cloacas, trenes, ...) y muchísimas otras cosas.
Subsidios
El Gobierno anterior se hizo cargo de pagar una parte importante de los gastos de electricidad, transporte y agua de toda la gente de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores (que somos unos cuantos millones).
Hicieron eso para hacernos creer que no había inflación.
En vez de que los porteños pagáramos $10 por un boleto de colectivo, estábamos pagando $3,50. Como eso no le alcanzaba a la empresa de colectivos, el Gobierno aportaba la diferencia.
Esos son los famosos subsidios.
Los subsidios no nos convienen
Si bien parece algo lindo, esos subsidios tiene varios problemas.
El primero es que son para todos. Es lindo tener un subsidio así cuando uno lo necesita, pero también lo tuvieron personas que no lo necesitaban. Y lo estábamos pagando entre todos.
Si no hubiera sido por los subsidios las empresas habrían tenido que pagar salarios un poco más altos para que pudiéramos pagar esos precios más altos.
Los subsidios se prestan a la corrupción en gran escala
Ese dinero nuestro que se ve cómo cuentan el los videos de La Rosadita podría haberse desviado de su propósito original en ocasión del pago de un subsidio.
El funcionario del Gobierno que administra los pagos puede obligar al transportista a entregar un porcentaje, un retorno.
Eso fué lo que hacíá Ricardo Jaime, y así pudo comprarse un avión privado y otros lujos, con nuestro dinero.
La corrupción mata
Al transportista que debe entregar una parte important de su subsidio, lo que le queda no le alcanza, y se pone de acuerdo con el funcionario para ahorrar.
Por ejemplo, para no gastar plata en la reparación de los frenos de los trenes. Y ya sabemos como terminó eso.